Se preguntaba insistentemente
¿Por qué?
Había en esa pregunta algo,
más allá de su significado,
que lo calmaba.
La autosimilitud que provocaba esa continua repetición
generaba nuevas e infinitas respuestas.
Inútiles e infinitas respuestas,
que parecían alejarse resonando,
y ampliando el espacio de las posibilidades.
Y él, tembloroso
en el centro,
aferrado a una única y dolorosa certeza.
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