La Fiebre
Los sonidos de los días que vendrán se alejan,
Se convierten en susurros que la brisa esparce,
Como queriendo acariciar aquello que deja de ser
El destino no es más que la constante reinvención
De nuestras almas
Y nuestras almas son aquello que creemos ser
Mientras se va forjando nuestro destino
Nada más paradójico
Nada más coherente
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